lunes, 25 de abril de 2011

Martha Pelloni acusó a Insfrán de permitir la explotación infantil

Foto: Cedoc

18.04.2011

Martha Pelloni acusó a Insfrán de permitir la explotación infantil

La monja escribió una misiva a los medios para denunciar al gobernador K de Formosa "por matar la liberdad de los formoseños" con "la mentira y la amenaza".

La religiosa Sandra Pelloni acusó públicamente al gobernador Gildo Insfrán.

Luego de ser acusado de "genocida" por la represión policial contra la comunidad Qom (toba), el gobernador K de Formosa, Gildo Insfrán, vuelve ser objeto de duras críticas por su gestión. Esta vez la monja Martha Pelloni, titular de la Red Infancia robada, lo acusa de "atropellar los derechos humanos" en una carta que envió a varios medios del interior.

Pelloni, recordada por su actuación en el caso María Soledad en Catamarca, denunció que tras una visita a la localidad de Clorinda (Formosa), fue "agraviada" e "insultada" cuando quiso impartir unas jornadas sobre trata, explotación y violación de personas. No sólo eso: con la carta contó cuán ausentes están los controles del Estado en distintos ilícitos, como la explotación infantil, el tráfico de drogas y hasta el de órganos.

"La Gendarmería de ambos países estaban sentados tomando mate y ni siquiera pedían documentos. La oficina de Migraciones estaba cerrada (...) Nos mostraron las puertas de los localcitos donde guardan la mercadería con una habitación para la prostitución de menores, que funciona allí mismo donde compran sexo los mismos mercaderes y pagan con un celular, zapatos, ropa etc", relató la religiosa.

Las denuncias de Pelloni fueron múltiples y muy grave: "Una gran clínica privada de un tal Martínez. No dudaron en decirnos del tráfico de órganos. Me hacía acordar a la frontera de Juarez en México (...) "Particularmente me impresionó la cantidad de niños esclavos laborales porque no tenían más de 15 años. Niños mulas porque lo que llevan en el cuerpo por ley no se revisa. (...) Dentro de 10 años no tienen riñones ni columna vertebral sana", apuntó.

El tráfico de drogas también quedó expuesto a los ojos de la monja que encabeza varias ONG. "La droga va y viene , los mismos chicos y taxistas te muestran quiénes son los que venden y mandan pasar de un lado a otro", siguió.

Pelloni explicó su cometido: "Todo esto para que comparemos los grandes diálogos de nuestros políticos y sus discursos con las verdaderas decisiones que muestran la realidad que le describo". Incluso reveló que el sacerdote Francisco Nazar, quien competirá con Insfrán por la gobernación, fue "perseguido" por la fuerzas de seguridad de la gobernación.

"Ud. es conocedor de la denuncia y del pedido de Habeas Corpus que con posterioridad tuvo que hacer Francisco Nazar", le disparó la religiosa a Insfrán. Así como le espetó que "su gobierno tiene instalada la corrupción Institucional que destruye todo intento de democratización y saneamiento de la convivencia ciudadana. Con tantos años de gobierno ha matado la libertad de los Formoseños con las armas más siniestras y cobardes de esgrimir: La Mentira y la Amenaza".

http://www.perfil.com/

jueves, 21 de abril de 2011

Su madre dice que la cocaína “le destruyó la cabeza”.


La historia del adolescente que mató buscando plata para comprar droga

18/04/11

El crimen de la cocaína. En enero pasado, un chico de 19 años se metió a robar en un departamento vecino y asesinó a un joven a cuchilladas. Está preso desde entonces. Su madre dice que la cocaína “le destruyó la cabeza”.

PorNahuel Gallotta

Estela todavía está convencida de que le cambiaron la vida y el hijo. Hasta la mañana del 28 de enero pasado siempre se había imaginado del otro lado, el de la víctima. Pero fue al revés: su hijo Martín, de 19 años, está preso en la cárcel de Marcos Paz acusado de asesinar a cuchilladas a Juan Magnasco (21), un vecino que vivía en la misma manzana del barrio de Belgrano.

Martín se metió allí para robar, buscando plata para comprar droga .

Tras su detención, la Policía dijo que Martín pertenecía a la barra brava de Excursionistas. Un tiempo después, directivos e hinchas del club, amigos y familiares se encargaron de desmentirlo. Martín apenas iba los sábados a la cancha. No era socio y en el último tiempo, después de haberse puesto de novio, había dejado de ir. En los foros de noticias en los que se contó el hecho, quienes decían conocer a Martín no podían creer que fuera el asesino . La Policía cree que actuó drogado. Una vecina lo vio caminando ensangrentado, con un cuchillo tramontina en la mano . De ahí fue y se encerró en su casa, donde la Policía halló un celular y una notebook de la víctima.

Ahora es mediodía de un jueves en Belgrano y Estela invita a pasar a su departamento. La única luz del living es el reflejo del sol que entra por la persiana que da al balcón. En la mesa junto a la pared hay tarjetas de teléfono que son para que Martín (su familia pide no revelar su apellido) se comunique desde la cárcel. En el piso hay una pila de ropa que amigos y ex compañeros llevaron para él.

“Lo que a Martín le destruyó la cabeza, y es un tema serio en los chicos como él, es la cocaína. Eso lo mató . Habíamos hablado para internarlo, pero creíamos que conversando encontraríamos la solución. Decía que iba a poder solo, que era fuerte ”, cuenta Estela a Clarín, mientras prende un cigarrillo y atiende los llamados de gente que pregunta por su hijo.

Durante la media hora de charla, su celular sonó cuatro veces. Todavía llama mucha gente que quiere sacarse la duda. Les cuesta entender que Martín, el pibe alto que jugaba al básquet, paseaba perros y repartía pizzas por Belgrano haya cometido un asesinato. En la computadora de la casa se acumulan mails por el mismo tema.

Martín trabajó en rotiserías y heladerías repartiendo a pie y en bicicleta. También lo hizo en una veterinaria paseando perros, y después un peluquero del que se había hecho amigo lo hizo entrar de aprendiz.

Su mamá Estela trabaja en un comercio de ropa y su papá es taxista. Tenía –aún tiene– en mente un emprendimiento familiar para incluir a Martín, que en el último año, por su adicción a las drogas, no podía cumplir responsabilidades laborales ni educativas.

“Había quedado libre de un colegio donde hacía cursos acelerados –recuerda Estela–. Quería terminarlo y ponerse a cursar veterinaria, volver a jugar al básquet en River. Tenía proyectos, planes, pero la droga hizo que perdiera sus responsabilidades; hacía todo por la mitad.

Recién ahora puedo asociar su comportamiento con el consumo ”, dice la madre.

Cuando era tarde y Martín no llegaba, Estela recuerda que lo llamaba a su celular. Si no lo atendía, intentaba comunicarse con sus amigos para poder irse a trabajar tranquila. Según Estela, ella vivía pendiente de su hijo más chico y tenía un listado de teléfonos de personas a las que les había pedido que lo ayudaran a dejar de consumir .

En la madrugada del crimen Martín estuvo solo en su departamento de la calle Arcos. Estela cree que su hijo pasó la madrugada consumiendo cocaína y que tuvo un brote de violencia . Que se metió a la casa vecina por un patio, desesperado para robar algo que pudiera vender y así comprar más droga. Entró por una ventana al edificio de la familia Magnasco, en Sucre al 2100, posiblemente pensando que no había nadie. Encontró a un chico casi de su misma edad, forcejearon y lo mató.

“No podemos sacarnos de la cabeza a la familia de Juan. Yo le dije a mi marido que les enviara una carta, no sé, no sabemos cómo acercarnos. No puedo dejar de ponerme en el lugar de madre, estoy muy angustiada. Martín tenía una opinión formada de la inseguridad, estaba en contra. Por eso no entendemos lo que hizo” , dice Estela.

Ella asegura que cuando salía a caminar con Martín lo saludaban vecinos, comerciantes, policías. A algunos chicos de su grupo de amigos los había conocido en un ciber de la calle Amenábar. “Estoy preocupadísima y asustada. Yo sé que Martín debe tener un castigo, pero tengo miedo de que cuando salga no haya tiempo para que disfrute de la vida”. Estela teme que a su hijo le den reclusión perpetua.

En la cárcel, Martín pidió libros y un block de hojas para escribir. Estela dice que él le enseña palabras que aprende en la cárcel. Y asegura que, cuando hace fila para entrar a verlo, escucha a otras madres hablar de la droga.

“Todas hablan del paco y de la cocaína. Yo me pregunto, ¿por qué es tan fácil comprar drogas? ¿por qué nadie cuida a los pibes? Martín odiaba a la cocaína, pero la droga podía con él. La venden en todos lados. Son cabezas en formación las que están matando”.

http://www.clarin.com/

domingo, 17 de abril de 2011

Narcotráfico, una lucha que se pierde


Narcotráfico, una lucha que se pierde
16/04/11

Como revelan los cables dados a conocer por WikiLeaks, en varias oportunidades, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, sostuvo ante funcionarios de la Embajada de Estados Unidos, que la Argentina no podía ganar la batalla contra el narcotráfico y que, en todo caso, aspiraba a no perderla en malas condiciones.

Por el contrario, en forma pública, los funcionarios del Gobierno afirmaron reiteradamente que no existe un problema de narcotráfico y que el país era, en todo caso, un lugar de tránsito.

Los hechos demuestran que el narcotráfico tiene una presencia creciente en la Argentina, como se verifica en el comercio minorista y en la formación de organizaciones de distribuidores, especialmente en barrios carenciados, en las grandes operaciones de traslado de droga hacia Europa, en el contrabando de efedrina que salió a la luz a partir del triple asesinato de General Rodríguez y en los numerosos vuelos clandestinos que se detectan en varias provincias del norte e, incluso, en el litoral del país.

Un dato reciente y relevante de este cuadro es que la Justicia española confirmó que la droga del avión que ingresó en Barcelona en enero pasado, fue cargada en la Base Aérea de Morón, un dato negado en su momento por el Gobierno.

Esta situación no es consecuencia sólo de la creciente presión de las redes internas y externas del narco por expandir su negocio, sino de la debilidad de la política oficial en la materia. Cabe señalar la demora en instalar radares adecuados para detectar los vuelos que transportan drogas o la sospechosa inacción que tuvo durante años la Unidad de Información Financiera, encargada de la lucha contra el lavado de dinero, un aspecto clave de la lucha contra el narcotráfico. En estas condiciones es inevitable que la Argentina se haya convertido en una presa fácil del narcotráfico, con las graves consecuencias que esto tiene en materia de salud, seguridad y penetración de los intereses del narcotráfico en el aparato estatal.

Aníbal Fernández afirmó, ante funcionarios de la Embajada de EE.UU. que el país pierde la batalla contra el narco, lo cual es cierto y consecuencia de la debilidad de la política oficial.

http://www.clarin.com/opinion/Narcotrafico-lucha-pierde_0_463753816.html

Estrategias que llevan a la derrota contra el narcotráfico


Estrategias que llevan a la derrota contra el narcotráfico

Juan Gabriel Tokatlian
Para LA NACION

Jueves 14 de abril de 2011 | Publicado en edición impresa

El deber fundamental que tiene la Argentina frente al tema de las drogas y el crimen organizado es tener un diagnóstico preciso, franco y consensuado. Si el país pretende alcanzarlo es importante que sus dirigentes, funcionarios, analistas y comunicadores eludan cinco estrategias que, a pesar de ser usuales, se han probado nocivas: la negación, la confusión, la desatención, la consolación y la tergiversación. Probablemente, algunos ejemplos concretos ayuden a comprender la gravedad y los costos que se derivan de asumirlas.

Un caso emblemático de la estrategia de la negación ha sido México. En mayo de 1997, por ejemplo, se difundió un informe elaborado por el Grupo de Contacto de Alto Nivel mexicano-estadounidense en el que se afirmaba que los narcotraficantes mexicanos "no han logrado reflejar su poder económico en un poder político equivalente".

Asimismo, se indicaba que "carecen de infraestructura y de organización necesaria para efectuar, por sí mismos, operaciones de magnitud internacional". Por último, se aseveraba que "una organización mexicana difícilmente podría insertarse en esquemas culturales ajenos a los suyos con la facilidad con que lo hacen las organizaciones de otros países que conocen y fundamentan sus operaciones en su propio contexto". Una década después, la letalidad del narcotráfico en México es elocuente. ¿Qué sucedió? En los noventa, el caso "descarriado" era Colombia: de allí que Washington le retirase la visa de entrada al presidente Ernesto Samper y sometiera al país andino a una inclemente política coercitiva. México, por el contrario, y debido a razones de política interna en Estados Unidos, era el caso "ejemplar", a pesar de que el narcotráfico crecía a los ojos de todos, a uno y otro lado de la frontera. A México y a Estados Unidos les servía, por motivos distintos, negar la dimensión que ya tenía el crimen organizado mexicano.

La estrategia de la confusión ha consistido en asumir la existencia de dicotomías nítidas frente a las drogas. Una de las perspectivas más habituales es la que separa "países productores" y "países consumidores". Bajo esta racionalidad, América latina sería un polo productor de drogas y Estados Unidos y Europa, los polos de consumo. Lo anterior ha disimulado que Estados Unidos se haya ido convirtiendo en el principal productor mundial de marihuana, que Holanda y Bélgica sean dos de los más grandes productores mundiales de éxtasis y que, en conjunto, los países de Sudamérica constituyan el tercer mercado mundial de consumo de cocaína. Divisiones semejantes se hacen entre "puntos de tránsito" y "núcleos de distribución", entre "receptores y proveedores de precursores químicos" y entre "vendedores de estupefacientes" y "mercaderes de armas". Este tipo de segmentación no ayuda a entender la complejidad del asunto de las drogas, su expansión y capacidad de mutación. Lo fundamental es comprender cómo opera globalmente el emporio de las drogas y cómo se despliega en cada espacio territorial específico.

A su vez, la estrategia de la desatención se ha manifestado en el desdén y la naturalización de ciertos procesos y medidas. Por ejemplo, bajo la racionalidad de la "guerra contra las drogas" se entiende que hay efectos indeseados y alcances indeliberados y, por lo tanto, se los incorpora en la implementación de aquella cruzada. Prevalece la decisión política -sea burocrática o ideológica- de continuar el curso de acción. Si se conciben paliativos es, primordialmente, para hacer más eficaz la acción punitiva. Se impone, casi siempre, un uso instrumental de la información y el aprendizaje logrado es insustancial: la "guerra contra las drogas" no se puede ni debe detener. Por ello, sólo un fracaso estrepitoso de la política vigente, un costo presupuestal astronómico para sostenerla o la configuración de una coalición sólida con suficiente poder para impugnarla podría alterar la continuidad de la cruzada antinarcóticos.

La estrategia de la consolación se caracteriza por proclamar, cada cierto tiempo, una gran victoria contra el narcotráfico a pesar de que el problema persiste, muta y se degrada. Por ejemplo, la extradición de nacionales ha sido un pilar importante de la política antinarcóticos en varios países de América latina. Con esta práctica se esperaba que los sistemas judiciales tuvieran una menor carga y pudieran fortalecerse. Se buscaba también que la colaboración jurídica redundara en efectividad respecto de la desarticulación del fenómeno de las drogas, y que la amenaza y el uso de este instrumento sirvieran como disuasivo para que ingresaran menos personas en el negocio. En la última década, el recurso a la extradición se convirtió en un hecho común en México, la Cuenca del Caribe y el mundo andino. En ese sentido, Colombia ha sido el país que en la historia contemporánea ha extraditado más nacionales. Sólo entre 2000 y 2010 el total de ciudadanos colombianos extraditados alcanzó la cifra de 1221; la gran mayoría de ellos a Estados Unidos. Sin embargo, la aplicación de la extradición ha sido, en materia de lucha antidrogas, bastante inútil. Los narcotraficantes no se han disuadido (siempre hay alguien que reemplaza al extraditado); la justicia no ha incrementado su eficacia (salvo simbólicamente); el emporio de las drogas no se ha reducido (sino que se ha readecuado); la violencia y criminalidad no se ha modificado (aunque se dispersó en términos geográficos); el consumo interno de sustancias psicoactivas ilícitas en los países que la aplican no ha decrecido (en varios casos aumentó) y el impacto sobre la demanda ha sido nulo.

Asimismo, la estrategia de la tergiversación se ha reflejado a través del involucramiento de las fuerzas armadas en el combate contra las drogas. Aquello que comenzó como una participación episódica y temporal en tareas que competían a la policía y/o a cuerpos de seguridad especializados se fue transformando en una labor constante y decisiva de las fuerzas armadas de la mayoría de los países latinoamericanos. Ante las exigencias de Washington y el interés corporativo de muchos mandos castrenses en la región, la militarización de la lucha antinarcóticos se volvió irresistible. En todos los casos en los que se manifestó esa militarización, los resultados fueron desafortunados en el terreno institucional, e improductivos en el combate mismo contra las drogas. Cada cierto tiempo, se anuncian victorias trascendentales gracias al despliegue represivo militar: al cabo de algunos años, comparando las situaciones históricas y las existentes, y ante la multiplicación de frentes de combate antidrogas, se aprecia que apenas se trataba de triunfos pírricos.

En este contexto, si la Argentina desea evitar esas cinco estrategias resulta clave asumir premisas sustentadas en evidencias específicas. Primero, es indispensable comprender el lugar del país en la actual geopolítica de las drogas para no caer en la tentación de negar lo que sucede ante nuestra vista. El hecho de que la demanda interna haya mostrado en años recientes niveles inquietantes; de que el Cono Sur (en especial, Brasil y Paraguay) se haya vuelto un escenario fundamental de despliegue del crimen organizado; de que la empresa de los narcóticos pretenda alcanzar mercados en auge (como Europa) a través de nuevos nodos de tránsito en África occidental (Ghana, Guinea, Nigeria) para lo cual la ubicación de la Argentina es estratégica, y de que mafias transnacionales, en sociedad con grupos delincuenciales locales, operen con facilidad en el país hacen de la Argentina un actor cada vez más gravitante en la dinámica de las drogas. En los próximos años ese papel crecerá de no adoptarse medidas certeras y eficaces.

Segundo, es importante no confundir lo que sucede en el país. Hace un buen tiempo que la Argentina no es sólo un punto de tránsito: hoy está atravesada por una lucrativa cadena productiva ilícita que involucra procesamiento, tráfico, distribución y uso de drogas; actividades vinculadas a los precursores químicos, al lavado de activos y a las armas livianas; manifestaciones de violencia múltiple; el asentamiento de bandas internacionales ligadas al emporio de los narcóticos; la corrosión de la justicia; el avance de la criminalidad nacional; la connivencia entre crimen organizado, fuerzas policiales y grupos políticos; el aumento de la corrupción pública y privada. La idea de que en materia de drogas hay un "afuera" caótico y agresivo y un "adentro" estable y controlable es errada y peligrosa.

Tercero, no es prudente desatender los efectos indeseados de ciertas políticas públicas o de su ausencia. En general se entiende que los tomadores de decisión no diseñan o ignoran algunas políticas con una intencionalidad negativa prefigurada. Sin embargo, es pertinente preguntarse si después de tanto tiempo de implementación de las mismas tácticas con los mismos resultados y de desconsiderar otras medidas más razonables no será hora de reestructurar la política antinarcóticos. Criminalizar más al usuario de drogas no resuelve el problema y tiene consecuencias sociales perjudiciales. A su vez, carecer de un sistema de radares para detectar el ingreso de aeronaves hostiles es incomprensible ante la envergadura del tema de los narcóticos en Sudamérica. En realidad, a estas alturas se trata de un error político significativo: es de esperar que la creación del Ministerio de Seguridad sirva para establecer una política integral y sólida en materia de drogas.

Cuarto, la Argentina no se puede consolar con el hecho de que sus problemas en el frente de las drogas sean menores que los de naciones como Brasil, Colombia o México. Ese tipo de consuelo lleva a reforzar la estrategia de la negación y, cuando el problema estalla en toda su dimensión, a buscar una salida categórica, rápida y milagrosa. Muchas evidencias en la región muestran que el consuelo temporal termina en tragedia definitiva. Todo lo que se haga, o se deje de hacer ahora, tendrá consecuencias.

Quinto, el país no debe quedar preso de la tergiversación. Involucrar a las fuerzas armadas en la lucha contra las drogas es la peor opción. El efecto de la participación militar en las acciones antinarcóticos ha incidido negativamente sobre las relaciones cívico-militares, en el estado de los derechos humanos y en los grados de corrupción a lo largo y ancho de América latina. El papel directo y activo de las fuerzas armadas no significó un avance en la eliminación ni incluso en la reducción de las drogas.

En síntesis, es crucial una mayor deliberación sobre los desafíos que ya generan el narcotráfico y el crimen organizado, y ésta es la antesala de un buen diagnóstico.

© La Nacion

El autor es profesor de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la UTDT

lunes, 11 de abril de 2011

Sin radares, sin aviones, sin ley


Sin radares, sin aviones, sin ley

El Estado está prácticamente desarmado para enfrentar con posibilidad de éxito los vuelos ilegales

Lunes 11 de abril de 2011 | Publicado en edición impresa

Daniel Gallo

LA NACION

Los vuelos ilegales representan uno de los problemas estratégicos del Estado. El narcotráfico aprovecha esa vía libre en el aire, y ningún programa de prevención de consumo de drogas será útil si la oferta no se detiene. El trabajo de las fuerzas de seguridad tiene aciertos en el aumento de decomisos de las avionetas y su carga. Pero sin radares, el Estado está ciego. Y sin ley de derribo, el Estado está limitado.

Al hacerse referencia a los vuelos ilegales, siempre aparecerá la controversia por la radarización incompleta del país. Los proyectos se sucedieron en los gobiernos de Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y Cristina Kirchner. Hoy siguen los solitarios y viejos radares móviles instalados en Resistencia y Posadas, además de los poco útiles radares de tiro del Ejército, en Formosa y Salta.

Ahora, la empresa Invap logró la adjudicación directa para la construcción de radares militares, un proyecto que, extrañamente, maneja el Ministerio de Planificación y no el de Defensa.

Por el momento, la promesa oficial es esperar, como ocurrió antes. Mientras tanto, las avionetas ilegales mantienen su actividad y el Estado, directamente, no las "ve". El año pasado, el centro de control de la Fuerza Aérea, instalado en un búnker subterráneo en Merlo, sólo emitió 14 avisos sobre intrusos a las fuerzas de seguridad federales. Hace más de diez años que esos radares móviles están fijos en los mismos lugares. Será difícil que se descubran muchos vuelos ilegales de esa forma. Las avionetas sólo deben esquivar el alcance de esos radares para llegar siendo "invisibles" incluso hasta el Gran Buenos Aires.

Como forma de patrullar la zona de frontera, el año pasado hubo una iniciativa para adquirir aviones no tripulados a una empresa israelí. Brasil ya había comprado esa tecnología para sumarla a sus sistemas completos de vigilancia aérea. Dado que las fuerzas armadas argentinas tienen sus propios desarrollos de aviones no tripulados se frustró la negociación internacional. Mientras se espera a que esa tecnología nacional sea puesta a punto, el espacio aéreo seguirá prácticamente liberado para las avionetas ilegales.

Sólo el esfuerzo casi artesanal de la Gendarmería muestra algunos resultados positivos. El área antidrogas de esa fuerza creó una unidad especial para investigar las potenciales pistas de aterrizaje. Así, los gendarmes lograron ejecutar varios operativos. En breve, esas unidades tácticas podrían contar con helicópteros de transporte Huey II.

Pero más allá de las investigaciones sobre las redes del narcotráfico -en general, en un mismo embarque llega droga de varios minicarteles-, el Estado mantiene la deuda de promover un debate sobre la ley de derribos, la autorización legal para disparar a aeronaves intrusas. Un radar sin un avión interceptor no tiene sentido, y éste, sin órdenes de disparo, tampoco. La Argentina no tiene radares, no tiene aviones y no tiene ley de derribo. En cuatro cumbres presidenciales desde 2005 se autorizó, por decreto, a disparar contra potenciales aeronaves ilegales. En esos días, obviamente, nadie voló de manera ilegal.


SECUESTRARON CUATRO TONELADAS DE MARIHUANA

Unos 4153 kilos de marihuana, cuyo valor comercial alcanza los 17 millones de pesos, fueron incautados anteanoche por la Prefectura en la localidad de Puerto Rico, en la provincia de Misiones. El procedimiento fue el resultado de tareas de investigación que permitieron determinar que se intentaría ingresar droga desde Paraguay hacia la Argentina, por lo que se dispuso un operativo de vigilancia de la zona. Las tareas se iniciaron a las 22.15, cuando los efectivos observaron cinco botes a remo, provenientes de la costa paraguaya, donde hallaron la droga. Interviene en la causa el Juzgado Federal de Eldorado, a cargo de José Luis Casals.

lunes, 4 de abril de 2011

La "ficción" de los carteles extranjeros

La "ficción" de los carteles extranjeros

Escepticismo de Aníbal Fernández sobre la creciente presencia de narcotraficantes colombianos

Domingo 03 de abril de 2011

Incómodo ante la pregunta, Aníbal Fernández se mostró "escéptico", pero se cuidó de lanzar otro de sus estiletes retóricos. Corría enero de 2005 y el senador demócrata Chris Dodd acababa de preguntarle sobre el "creciente involucramiento" de colombianos en el narcotráfico local, según consta en uno de los cables que obtuvo WikiLeaks y cedió a La Nacion.

El entonces ministro del Interior buscó disipar la sombra de los carteles colombianos en el país, una prédica que sostiene en público hasta hoy. Pero uno de los acompañantes de Dodd, el representante en Buenos Aires de la agencia estadounidense de lucha contra el narcotráfico (DEA, en sus siglas en inglés) insistió. Le dijo que los "colombianos están detrás de un número de grandes casos de drogas siendo actualmente investigados por las autoridades argentinas y estadounidenses". Entonces sí, Aníbal Fernández lo admitió: "Sí, es posible".

El diálogo -y en particular la consulta de los emisarios estadounidenses- resultó premonitorio. Ocurrió más de tres años antes de que la Argentina se sacudiera por el asesinato de dos colombianos en Unicenter u ocurriera el triple crimen de General Rodríguez, dos ejecuciones de estilo mafioso tan típico como habitual en las disputas por el control del territorio entre carteles, sea en México, Colombia o Perú.

En enero de 2006, la visión explicitada de otros emisarios norteamericanos tras una visita al país resultó aún más preocupante. Dos expertos del comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes concluyeron que "el problema del narcotráfico en la Argentina va a empeorar antes de mejorar", que los gobiernos europeos deberían colaborar más con la lucha local, y que debía prestarse especial atención a la construcción en el país de laboratorios de cocaína. "Un aumento significaría problemas", alertaron.

Dos meses después, el embajador Lino Gutiérrez informó a Washington algunos avances registrados en la Argentina, incluido los decomisos de 160, 200 y 400 kilos de cocaína en distintos operativos durante el primer trimestre de 2006 que podrían vincularse de algún modo entre sí. Eso, dijo, "sirve para ilustrar la naturaleza compleja e interconectada de las operaciones de contrabando de drogas en la Argentina".

Ficción

Su sucesor al frente de la embajada en Buenos Aires, Earl Anthony Wayne, mantuvo el énfasis. En enero de 2009 destacó que Aníbal Fernández continuaba negando la presencia de carteles extranjeros en el país, "a pesar de la evidencia indicando que los carteles colombianos y mexicanos operan en la Argentina", algo que para el ministro era "mera ficción".

En julio de ese mismo año, la embajada comunicó por escrito su análisis sobre el narcotráfico en el país durante el primer semestre de 2009. Lo recibieron en los departamentos de Estado, Justicia, Defensa, Seguridad Interior y Justicia, en la Dirección Nacional de Inteligencia, en el Comando Sur del Pentágono y en las embajadas propias en Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay.

En un crudo anticipo del decomiso en España de una tonelada de cocaína cargada en la base aérea de Morón, el segundo de la embajada, Thomas Kelly, alertó sobre el aparente "uso ampliado de pequeñas aeronaves para traficar cocaína y marihuana a través de la frontera norte del país", que se baja y prepara para su "envío a Europa (la cocaína) o su consumo doméstico (marihuana y cocaína)".

Sin embargo, y en lo que resulta una constante de los cables diplomáticos, Kelly destacó tanto los problemas observados en la Argentina como también que "las fuerzas de seguridad argentinas siguen cooperando eficazmente con los funcionarios de Estados Unidos y otros países, esfuerzos de cooperación que terminaron con importantes arrestos y decomisos".

http://www.lanacion.com.ar/1362537-la-ficcion-de-los-carteles-extranjeros

Clima de derrota frente al narcotráfico


Los documentos de WikiLeaks

Clima de derrota frente al narcotráfico

"No podemos ganar" la guerra contra las drogas, le dijo Fernández a la embajada de EE.UU.

Domingo 03 de abril de 2011

Aníbal Fernandez. Foto LA NACION

Hugo Alconada Mon
LA NACION

Siempre suele ser directo y locuaz, pero el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, lo fue mucho más ante funcionarios, diplomáticos y legisladores de Estados Unidos, a los que recibió durante los últimos años. Tanto, que además de justificar los prostíbulos en Santa Cruz como una forma de evitar violaciones y declararse el más "proamericano" del Gobierno, se animó a sostener que no es posible ganar la guerra contra el narcotráfico y que su objetivo es no perderla por mucho.

La curiosa admisión de Fernández no es fruto de un exabrupto o de un desliz. Se lo comentó en 2005 a sus interlocutores norteamericanos y lo repitió en 2008 y en 2009. Además, en 2007 se lo planteó al entonces vicepresidente Daniel Scioli para que no hablara sobre la lucha contra los narcos en su campaña para gobernador de Buenos Aires, según surge de cuatro cables confidenciales que obtuvo WikiLeaks y cedió a La Nacion.

"No podemos ganar", planteó el entonces ministro del Interior a mediados de enero de 2005, cuando la delegación liderada por el senador demócrata Chris Dodd y el embajador en Buenos Aires, Lino Gutiérrez, le preguntó sobre la "creciente" presencia colombiana en el país. Aunque como jefe político de las fuerzas de seguridad que deben combatir el tráfico ilegal de estupefacientes ofreció un paliativo a su inesperada admisión: "Lo que no quiero es perder mal".

De allí en más, decenas de cables diplomáticos reservados, confidenciales y secretos datados entre 2005 y 2010 exponen la fluida relación que Fernández mantuvo con el gobierno de Estados Unidos, con el que coordinó esfuerzos, información y estrategias para combatir el flagelo y capacitar a efectivos de la Policía Federal y la Gendarmería, a tal punto que la embajada elogió su disposición y la "excelente cooperación" de las fuerzas.

Eso explica por qué, aun cuando los diplomáticos norteamericanos destacaron en sus cables que Fernández podía ser "grosero", tanto por sus conductas -como cuando se desconcentró en varias reuniones por la presencia de una "atractiva traductora"- como en sus comentarios -como cuando defendió ante una diplomática la existencia de prostíbulos en Santa Cruz, al sostener que "si no tienen un lugar donde gastar su dinero, probablemente violarán mujeres para satisfacer sus deseos"-, la interacción rindió frutos.

"En los tiempos buenos y malos, el ministro ha sido uno de los miembros del gabinete de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner más accesibles y con tendencia a mirar hacia adelante", reconoció el embajador Earl Anthony Wayne en mayo de 2009, actitud que comparó con la de la entonces ministra de Defensa, a cargo ahora de Seguridad, Nilda Garré, con la que trabajar podía resultarle "problemático o espinoso".

Esa franqueza en el diálogo con los emisarios estadounidenses llevó a Fernández a reiterar en 2009 la visión que por primera vez les había planteado en 2005: "No quiero engañar a nadie con que el Gobierno puede ganar la batalla contra las drogas", reconoció, aunque según el embajador también "enfatizó que el Gobierno persistiría en sus esfuerzos" por combatirlas.

Durante el período que abarcan los cables -de 2005 a 2010-, Fernández encarnó además el giro de la posición oficial del Estado argentino ante las drogas. Así, en marzo de 2008 declaró durante una sesión especial de las Naciones Unidas el "fracaso absoluto" de la política centrada en encarcelar a los consumidores. "Digamos la verdad -planteó en Viena-. El negocio del narcotráfico es igual a corrupción, es igual a recaudación y en ese aspecto no sólo no se ha avanzado en el mundo, sino que las organizaciones criminales han crecido sin igual y no hemos estado a la altura de las circunstancias."

Crímenes irresueltos

Fernández repudió entonces que la ley se centrara en castigar a los pequeños consumidores en vez de concentrar las energías y los recursos materiales y presupuestarios del Estado contra los grandes traficantes, visión que reiteró en privado ante los diplomáticos norteamericanos, aunque otra vez les aclaró que de todos modos le resultaba un objetivo utópico.

"Fernández ofreció su evaluación personal de que los esfuerzos de la Argentina contra las drogas han sido un fracaso", informó Wayne a sus colegas en Washington, Viena y el Comando Sur de Estados Unidos. "Cree que la táctica actual captura muchos peces chicos, pero deja que los grandes se escapen", detalló el embajador, que disintió de él. "La experiencia muestra que para atrapar al pez grande a menudo debes comenzar con los pequeños", replicó.

La "excelente relación" de la embajada con Fernández ("AF", como lo definió Wayne) no le impidió también al embajador consignar, cuando la Presidenta lo designó jefe de Gabinete, que el hasta entonces ministro le había transmitido su visión pesimista al vicepresidente Scioli.

Apoyado en datos de inteligencia de 2006 -de los que no aporta más precisiones-, Wayne recordó en un cable de septiembre de 2009 que Fernández le aconsejó a Scioli "que no hiciera la lucha contra las drogas el eje número uno de su campaña" de 2007 para gobernador. "Razonando que los narcotraficantes están bien organizados y con la capacidad de encuadrar políticos, AF sugirió que Scioli sólo aludiera superficialmente a los esfuerzos contra las drogas. Sostuvo que Scioli no debería asumir ese riesgo dado que los crímenes vinculados a las drogas nunca se resolverán."

Aníbal presenta su manual de "zonceras"

El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, se prepara para el lanzamiento de Zonceras argentinas y otras yerbas , un manual escrito por él mismo y que hace referencia al famoso libro de Arturo Jauretche Manual de zonceras argentinas . "Busca ser una clara señal para los compañeros y un espacio de discusión para los que piensan distinto", según su propia descripción. El libro tendrá zonceras publicadas por número. En su sitio web el jefe de Gabinete publicó un adelanto, relacionado con la palabra "autismo", y cómo es utilizada por la política y los medios. El manual será publicado por la Editorial Planeta y el prólogo fue escrito por Cristina Kirchner.

FILTRACIONES INCOMODAS
Perder mal

Embajador Lino Gutiérrez, 21 de enero de 2005: "En la conclusión algo sombría de la reunión, [el entonces ministro del Interior Aníbal] Fernández opinó que "no podemos ganar" (la lucha contra los traficantes de drogas), "lo que no quiero es perder mal".

Los vuelos con cocaína

Segundo de la embajada, Thomás Kelly, 13 de julio de 2009: "Vuelos cargados de cocaína desde Bolivia y Paraguay (...) se cree que usan campos privados en los grandes espacios abiertos de Santiago del Estero, Chaco y el norte de Santa Fé"

Encuadrar a políticos

Embajador Earl Anthony Wayne, 10 de septiembre de 2009: "Razonando que los narcotráficantes están bien organizados y con la capacidad de encuadrar políticos, AF sugirió la (a fines de 2006) que Scioli sólo aludiera superficialemte a los esfuerzos contra las drogas"

http://www.lanacion.com.ar/1362536-clima-de-derrota-frente-al-narcotrafico

Puntos ciegos en el territorio argentino

Puntos ciegos en el territorio argentino

Domingo 03 de abril de 2011

Blind spots . Puntos ciegos. Así es como figuran en los cables de la diplomacia estadounidense las vastas zonas del norte y centro del país por donde transitan los cargamentos de drogas que llegan desde los países andinos rumbo al mercado doméstico y a Europa. Los mismos cables en los que los diplomáticos y sus informantes en las cúpulas de la Gendarmería y de la Policía Federal, entre otros, alertan sobre un tráfico "creciente", beneficiado por los pésimos o corruptos sistemas locales de detección y de reacción.

"En una reunión informativa con funcionarios de la Embajada, el 18 de diciembre, altos oficiales de la Gendarmería dijeron que estaban preocupados por el uso creciente de aeronaves livianas para traer cocaína a través de la frontera norte de la Argentina a pistas de aterrizaje remotas", consta en un cable reservado del 9 de enero de 2009, que obtuvo WikiLeaks y cedió a La Nacion. "La limitada cobertura de radares y capacidad de vigilancia, dijeron, significaba que la Argentina tenía numerosos puntos ciegos grandes en sus provincias norteñas", en particular en Santiago del Estero, Chaco e incluso el norte de Santa Fe.

Un año y medio antes, el 27 de agosto de 2007, como ministro del Interior a cargo de la Gendarmería y otras fuerzas de seguridad, Aníbal Fernández, le había reconocido al entonces embajador Earl Anthony Wayne que los radares argentinos eran "artesanales" y que el país carecía de la tecnología "necesaria para confrontar agresivamente el problema".

Sin embargo, la porosidad de las fronteras no se corrigió. A tal punto que cuatro años después del primer reclamo de la Gendarmería de marzo de 2005 sobre la falta de radares -"un problema importante y creciente", como lo definieron ante sus interlocutores estadounidenses-, el crecimiento de los vuelos clandestinos y la imposibilidad de controlar el tráfico por Salta y Jujuy, que consta en los cables, en marzo y julio de 2009, la Gendarmería insistió en pedir ayuda y donaciones al gobierno de Estados Unidos.Nueva presión

En marzo, el comandante Héctor Schenone le pidió helicópteros de transporte militar ante lo que caracterizó como "una nueva presión de los narcotraficantes operando desde Bolivia", y en julio, la fuerza considerada "socio clave" de la Embajada en la lucha contra las drogas, pidió asistencia para completar un centro de coordinación, con un costo de sólo US$ 14.000 en equipos de computación.

Sin embargo, la fuerza detalló otras dificultades -más allá de la infraestructura y la escasez presupuestaria- para enfrentar a "los miembros de las organizaciones del narcotráfico" que a principios de 2005 la Gendarmería ya había detectado "operando en la zona" de Salta y Jujuy.

Así, los comandantes de la Gendarmería Jorge Tapia y Aníbal Maiztegui -a cargo de la unidad nacional contra narcóticos de la fuerza- plantearon que los jueces federales con jurisdicción en la zona "tenían más interés por asuntos de la política local que por aplicar la ley", resumió el embajador Lino Gutiérrez, que calificó a Salta, dada su ubicación entre Bolivia, Paraguay y Chile, como "la provincia crítica para detener el flujo de drogas ilegales hacia la Argentina".

http://www.lanacion.com.ar/1362538-puntos-ciegos-en-el-territorio-argentino

jueves, 31 de marzo de 2011

Red Infancia Robada objeta absoluciones en caso Ramoncito

Red Infancia Robada

Ayer 29 de marzo, en la ciudad de Mercedes, provincia de Corrientes, se dictó sentencia para los autores materiales del crimen de Ramoncito González, ocurrido en octubre de 2006.

La Red Infancia Robada acepta la pena de los siete imputados, hoy con cadena perpetua; no así las dos absoluciones, que según nos informan han sido el resultado de falta de prueba; a lo que nos atrevemos a deducir que más que falta de prueba en este caso hubo clara falta de investigación.

Significativamente las absoluciones se refieren a la violación perpetrada al niño y por otro lado a la facilitación de medicamentos y drogas variadas utilizadas para realizar las torturas en los ritos: características mafiosas del crimen que conmovió a la sociedad Argentina. Duele y enoja esta falta de diligencia en la administración de justicia.

También tenemos que decir, señalando a la justica de Instrucción en este caso, que no tuvo compromiso con la investigación de los autores intelectuales del crimen de Ramoncito y que funcionaban con distintos fines: Llámese distribución de drogas, compras de bebés, niñas y niños para ser explotadas sexualmente, etc.

No obstante, la trama intelectual de Víctor Cemborain y Tito Enciso, nombrados en el expediente y con solicitud de imputación a cargo de la Fiscalía, quedarán solo en la condena social; ya que no hay voluntad política para investigar.

Nos preguntamos: ¿qué sucedió?, ¿motivos de encubrimiento político?, ¿pago de grandes sumas de dinero? Todo parece confirmar la corrupción que existe en las Instituciones de nuestra provincia; pero también la complicidad de una sociedad que mira para el costado y calla…

Lo lamentamos por el grupo de mercedeños que luchó por sanear la corrupción de Mercedes para que hechos de tamaña criminalidad no se repitan.

Por Infancia Robada

Martha Pelloni

DNI 4091820

domingo, 27 de marzo de 2011

Pistas clandestinas en campos a 150 kilómetros de la Capital

Nueva ruta de la droga: Pistas clandestinas en campos a 150 kilómetros de la Capital

27/03/11

Los Maglione son una modesta familia rural del sur de Entre Ríos. Sobre su campo arrojaron 70 kilos de marihuana. Y luego los balearon. El caso desnuda una nueva modalidad del contrabando.

PorGerardo Young

La ruta de las islas, una escala al conurbano y trampolín a Europa

¿Qué hay detrás de esas luces que se mueven en la noche del campo? Es la una de la madrugada de un jueves y Oscar Maglione está a punto de descubrir algo que cambiará su vida. Con uno de sus cuatro hijos, la escopeta en una mano y la linterna en otra, sale de su casa rumbo al arroyo de allá atrás, a unos 500 metros, de donde vienen las luces en movimiento, luces extrañas que se agitan dibujando círculos, buscando algo, porque no pueden ser ni de luciérnagas ni de reflejos sino de otras linternas, en manos de desconocidos. A poco de andar, Oscar se convence de que vienen del arroyo, que alguien navega las aguas quietas de ese cauce manso que atraviesa su campo, que lo que estalla allí no será nada bueno:

"Y entonces nos mandaron bala. 15 tiros conté”, dice Maglione unos meses más tarde, con las sensaciones intactas. Es que su memoria no va a traicionarlo. Esa noche comenzó a vivir una historia que todavía no terminó, una historia de locura que viene a confirmar que su campo y los campos de sus vecinos, al sur de Entre Ríos, a 150 kilómetros de la capital porteña, a dos horas de auto desde el Obelisco, se ha convertido en un punto medular de una nueva ruta o posta del tráfico de drogas, desde donde se abastece, a través de sus arroyos, riachos o rutas de tierra, al conurbano bonaerense, a Uruguay, y, desde estos trampolines, también a Europa. “Hay pistas clandestinas en la provincia, sobre todo en la zona de islas y montes. Son lugares de difícil acceso y se usan para arrojar drogas”, debió reconocer el Director de Toxicología de la policía de Entre Ríos, José Luis Churruarín. En realidad, lo que hizo fue admitir lo que el caso Maglione y muchos otros ya hacían evidente.

¿Qué tiene que ver el bueno de Maglione, nacido y criado en el campo, con ese mundo de destrucción? Nada, pero la suerte y su empeño lo pusieron al frente de poco más de 600 hectáreas de tierra -el establecimiento “El Charolais”-, donde dos días después de la primera balacera, mientras movilizaba a su decena de caballos, encontró un primer cargamento de marihuana, hierba fresca, recién prensada, en 30 o 40 paquetes envueltos en nylon, listos para ingresar en el mercado minorista de la droga.

Fue su tercer hijo, Juan Gervasio, el primero en ver los paquetes. Estaban ahí tirados, como si hubieran caído desde el cielo, aplastando en desorden el pasto húmedo:

-Acá hay algo raro, papá.

Y Oscar, con esa sabiduría de los que hablan poco pero escuchan mucho, sin saber con precisión pero intuyendo, miró los paquetes y dijo por única vez:

-Eso no se toca.

La droga había sido arrojada desde avionetas, que vienen de vaya a saber dónde, aunque la Justicia y la Policía de Entre Ríos sospechan que de Salta, Misiones o de Paraguay (ver Infografía), buscando en estas tierras repletas de riachos el punto de enlace ideal para que sea llevada en lancha o en auto hasta su destino final, el de los consumidores. No era esa la primera vez que ocurría algo así en la zona, ya que en el campo vecino, “La Tormenta de Islas”, se habían encontrado otros 30 paquetes unos meses antes, sumándose a una larga lista de hallazgos, tanto de marihuana como de cocaína, en campos pequeños de la región. Tantos casos y en tan poco tiempo permiten ya, según fuentes de la Justicia, de la Prefectura y de la Policía local, hablar de una nueva ruta narco, de no más de tres años de antigüedad.

Los primeros disparos y hallazgos en el campo de los Maglione fueron en setiembre del año pasado, hace seis meses. Oscar lo denunció de inmediato a la Policía, que se llevó la droga para su decomiso y le asignó un suboficial de custodia, apenas un hombre, que todavía vive con la familia. Diez días después Maglione encontró un segundo cargamento, arrojado una vez más sobre su campo, a unos 50 metros del arroyo, sobre un conjunto de camarotes. Eran otros 30 o 40 paquetes, para completar los 70 kilos de marihuana lanzados sobre su tierra inocente.

¿Y la lancha que antes había pasado a retirarlos? Dos noches más tarde del segundo hallazgo volvieron a aparecer. Eran las mismas luces, sólo que más cercanas. Esta vez venían a buscar la droga, pero también venían a buscarlo a él.

Con 60 años recién cumplidos, 11 fracturas a cuestas por diferentes caídas y golpes de tanto andar a caballo y codearse con vacas y toros, Oscar Maglione se crió en esta zona del sur de Entre Ríos, conocida como la “zona de islas”, donde empieza a formarse lo que más al sur será el Delta del Paraná. Y está curtido en su bravura. Los campos suelen estar atravesados por arroyos (como el Baltazar, que parte en dos al campo de Maglione), que se conectan luego con el Río Paraná hacia el Oeste, con el Paranacito o con el Río Uruguay más allá, hacia el Este. Es una de las zonas más fértiles de la Argentina, sólo que las crecidas del Paraná acaban por arruinar cualquier posibilidad de cosecha y sólo se usan para el pastoreo.

“Se calcula que la zona de islas ocupa un millón de hectáreas, de una de las tierras más fértiles del planeta. Si se hicieran obras de protección contra inundaciones la productividad no tendría techo”, cuenta el fiscal de Estado de la provincia de Entre Ríos, Julio Rodríguez Signes, estudioso del problema de este suelo abandonado por el Estado y ahora pretendido por los narcos.

La casa de los Maglione está, como todas en la zona, preparada para esas inundaciones. Es una casa grande pero austera, sobre un terreno elevado, pero a pesar de eso tiene los enchufes a metro y medio del piso, porque cada tanto hay que juntar lo que se pueda y salir corriendo para no morir ahogados. Al hogar lo conducen Oscar y su mujer, Fabiana Parada, y con ellos viven sus cuatro hijos, ya adultos, ya fornidos, además de sus dos nueras, y por supuesto los animales: un par de perros, una cotorra que cena con la familia, una chanchita criada como si fuera un gato (responde al nombre de “Mamera”) y que se tira ante las visitas para que le rasquen la panza. Desde septiembre del año pasado se ha sumado a ellos el custodio, un suboficial de la Policía de Entre Ríos que de a ratos mira al cielo, no por romántico sino porque desde allí, desde algún lado, cada diez o quince días se aparece una avioneta, volando al ras de la casa, a velocidad de pájaro, tan pero tan cerca que se distinguen con claridad las figuras del piloto y de dos o tres pasajeros cada vez.

“Apenas se va la camioneta, me llegan los mensajes”, cuenta ahora Oscar, y abre su teléfono celular. Lo que allí guarda son mensajes de texto, uno tras otro. “Que te vayas del campo”. “Que vendas todo”. “Te vamos a matar a la familia”.

El último mensaje que recibió es de hace diez días. El primero le llegó en octubre pasado, tras la segunda balacera. Fue cuando volvieron a aparecer las luces a la altura del arroyo, otra vez de madrugada. Oscar agarró su escopeta y ésta vez estaba acompañado por el policía que ya vivía con ellos.

“De pronto bajaron de la lancha y empezaron a caminar hacia nuestra casa. Se veían las luces venir hacia nosotros -cuenta Oscar-. Y entonces yo le dije a mi mujer que por nada del mundo saliera de la casa y pegué dos tiros al aire para advertirles que se fueran”.

Lo que siguió fue una balacera, más larga que la anterior, esta vez de ida y vuelta. Cuánto duró nadie puede afirmarlo, pero Oscar y el policía saben que los narcos les tiraron con dos armas distintas -una sonaba a escopeta, otra a pistola- y que lo hicieron decenas de veces. Se repitió la escena, otra vez con suerte, sin heridos ni muerte, y con los narcos finalmente escapando en lancha hacia algún lugar. Al volver a su casa, todavía transpirando el impacto del tiroteo, Oscar descubrió en su celular el primero de los mensajes de texto:

“Ojo. Ojo. Te quedaste con merca y eso te va a costar la vida”.

La “merca”, en realidad, ya estaba en la Fiscalía de Concepción del Uruguay que investiga el caso. Que “investiga” es un decir, porque no hay tanto para hacer más que proteger a los Maglione, ya que nadie ha registrado movimiento de avionetas extrañas en esos días, a pesar de que hay un aeródromo en Paranacito, a pocos kilómetros. El abogado de la familia, Darío Carrazza, presentó el caso ante la fiscal María de los Milagos Squivo, de Concepción, y tras denunciar amenazas, al menos consiguió la custodia policial. “Es una situación de terror la que está viviendo la familia”, dice Carrazza. Un terror que se repite ahora con otras formas, igual de concretas que la droga: las visitas esporádicas de avionetas por sobre el casco del campo.

La última avioneta pasó el 11 de marzo, hace dos semanas. Una avioneta gris, con dos hélices, dio un paseo a unos veinte metros del suelo, tan cerca que parecía rozar la copa de los eucaliptos, casi como si flotara sobre la casa. Y apenas pasó, segundos después, le enviaron a Oscar un nuevo mensaje de texto: “Te vamos a acribillar desde arriba”. Si los cálculos no fallan, si se repite la secuencia, en estos días otra avioneta volverá a pasar.

Por el tono y la información que manejan los extraños, es evidente que los que mandan los mensajes están sincronizados con los del avión y que conocen a los Maglione. Conocen su nombre, que tiene hijos, saben dónde está, saben de su resistencia. ¿Será local el enlace con los narcos? ¿Serán entrerrianos como ellos? La hipótesis policial asegura que los narcos arrojan la droga y que les pagan a cazadores de nutrias de la zona para que busquen el cargamento y lo lleven a otro sitio. Puede ser, aunque Maglione ya desconfía de todo, desconfía de la policía también, porque dice, y con razón, que a nadie se le puede escapar una avioneta en medio del campo o una lancha en un simple arroyo. Pero la verdad es que hoy nadie puede estar seguro de nada. La zona - como señalan en la Policía- fue elegida por los narcos justamente porque es difícil de controlar, en parte porque los arroyos forman una red infinita de venas abiertas, en parte porque no hay radares que identifiquen el movimiento de las avionetas (Ver Las avionetas…).

Los mensajes de texto que recibió, para colmo, fueron investigados pero no conducen a nada: unos se escribieron desde una cárcel de Santa Fe, otros desde un locutorio de Paraná, otros desde Gualeguaychú. Los narcos parecen estar en todas partes, se mueven en la impunidad.

“Pero yo soy un Maglione y los Maglione no nos vamos”, dice Oscar, ahora sentado frente a su casa junto a su mujer, sus hijos, sus nueras y los animalitos de siempre. Parece un personaje de película, un Clint Eastwood criollo enfrentándose a los bandoleros de siempre, demasiado solo. Es que así es Maglione. No dudó jamás en hacer la denuncia a la Justicia, no dudó nunca en defender a los suyos y en enfrentarse a los narcos. Porque la duda no forma parte de su rígida concepción moral. Una concepción tan distinta a la de los que pasan amenazantes con avionetas, a la de aquellos que se mueven en la sombra de la noche. Curioso: ideas del mundo tan diferentes, pero al mismo tiempo tan próximas.

Zona de riesgo

1 La “zona de islas” del sur de Entre Ríos, a 2 horas de Capital Federal, está siendo usada por narcotraficantes como lugar de enlace.

2 Usan avionetas para dejar cargamentos de droga en los campos. Y luego los retiran en lancha, para llevarlos por río o por ruta hacia el conurbano bonaerense o hacia Uruguay.

3 En setiembre del año pasado, uno de esos cargamentos cayó en el campo de los Maglione. Y así se conoció la modalidad. La familia vive amenazada y con custodia.

http://www.clarin.com/zona/Nueva-Pistas-clandestinas-kilometros-Capital_0_451755060.html

martes, 8 de marzo de 2011

La droga hace estragos en los jóvenes argentinos.

8 de Marzo de 2011 |10:06

¿Qué culpa tiene el kirchnerismo por el crecimiento de drogas en la Argentina?

La droga hace estragos en los jóvenes argentinos.

Luego de que se revelara, a través de un documento elaborado por Estados Unidos, que la Argentina es el segundo mercado de Sudamérica en lo que a consumo de cocaína respecta -sólo superado por Brasil- el debate respecto del narcotráfico ha recrudecido. ¿Qué responsabilidad le cabe el gobierno de los Kirchner por el incremento de los estupefacientes, si es que les cabe alguna potestad?

Como siempre, la patología debió ser desnudada desde fuera del país para que ocupara los principales titulares de los medios y se convirtiera en tema de discusión social. Es que, según Estados Unidos, la Argentina es el segundo mercado de Sudamérica en lo que a consumo de cocaína respecta. Solo Brasil supera a nuestro país, y lo hace solo porque tiene una población de casi 200 millones de habitantes.

Asimismo, en su informe anual sobre narcotráfico, el Departamento de Estado señala que en 2010 pasaron por territorio argentino unas 70 toneladas de este estupefaciente que siguieron su curso a Europa.

¿Hacía falta que lo dijera Estados Unidos para saber que el crecimiento de la droga en el país progresa a escala geométrica? Peor aún, ¿es casual que esto haya ocurrido?

La realidad indica que se ha hecho todo lo posible para que el consumo y el tráfico de drogas en la Argentina llegaran a los niveles en los que hoy se encuentran. ¿Qué esperaba Aníbal Fernández cuando abogaba por la despenalización de la tenencia de drogas? ¿Se suponía que esa sola medida disminuiría el tráfico y consumo de narcóticos?

Un país que no llega al 10% de radarización de sus fronteras, que no informatiza sus sistemas de control de narcotráfico, que no termina de reglamentar una ley de precursores químicos y que no hace una sola campaña para prevenir sobre los peligros del consumo de estupefacientes, es tierra fértil para que los barones de la droga quieran hacer pie a la hora de hacer sus oscuros negocios. Muchos de esos narcos que aterrizaron en la Argentina, son los mismos que otrora fueron expulsados de países como Colombia y México.


Preguntas incómodas

¿Por qué si creció la pauta del Estado en un 1.300%, de 2003 a la fecha, no hay campañas de advertencia hacia los adictos? ¿Por qué Aníbal Fernández detuvo en su momento la reglamentación de la ley de precursores químicos invocando razones de “derechos humanos”? Se trata de preguntas incómodas que el Gobierno jamás se ha atrevido a responder.

De hecho, lo único que ha atinado a hacer el oficialismo es a negar la realidad… como siempre. No es casual que haya sido el Jefe de Gabinete el encargado de hacerlo: "No ha habido un desborde en el consumo de cocaína en el país", aseguró el funcionario sin ponerse colorado.

Hay que recordar que Aníbal Fernández es uno de los principales responsables del crecimiento del narcotráfico en el país. Más allá de las incesantes denuncias en su contra, hay incluso documentos de Wikileaks que lo señalan como protector de bandas de narcos.


Frente a esto, el kirchnerismo solo ha atinado a darle más y más poder a lo largo de los años. ¿Será acaso porque la campaña presidencial de Cristina Kirchner se financió con fondos del tráfico de estupefacientes?

Eso es lo que están por dilucidar funcionarios de Estados Unidos, en el marco de la extradición de Ibar Esteban Pérez Corradi a ese país del norte. Se trata de un joven y millonario narcotraficante, sospechado por sus vínculos con dos poderosos ministros del gabinete K y que financió gran parte de la campaña oficial.

Su nombre se hizo conocido luego del Triple Crimen de General Rodríguez, por haber sido uno de sus supuestos instigadores en el marco de la fuerte competencia por liderar la venta de drogas lícitas e ilícitas en la Argentina.

Oportunamente, fuentes oficiales vinculadas a la jefatura de Gabinete admitieron que hubo ingentes gestiones por parte del Gobierno para que Pérez Corradi no fuera extraditado. Según esos informantes, su testimonio dañaría severamente la imagen de Cristina Kirchner, ya que dejaría al descubierto que ha existido una suerte de pacto con el narcotráfico a cambio de dinero para financiar su campaña.

Un ex agente de la Secretaría de Inteligencia, también mencionado en el expediente del Triple Crimen, admitió lo mismo en agosto de 2008: que la campaña del Frente para la Victoria sirvió para blanquear dinero de la droga. “Hubo dos aportantes fuertes, nada más. Y los dos son narcos”, aseguró la fuente entonces.

Luego, como se sabe, ese dinero se lavó merced a la utilización de nombres de empresarios que en realidad nunca aportaron nada. El caso de Gabriel Brito es el más elocuente.


Concluyendo

Un gobierno que esconde la realidad bajo la alfombra en lugar de enfrentarla, que aparece asociado al delito de la peor calaña y que ostenta en sus filas a funcionarios con antecedentes por narcotráfico, está lejos de poder resolver nada.

No es la primera vez que desde esta columna se da cuenta de ello y no será la última. Aún cuando ha costado a los periodistas de este medio el más feroz ataque de todos los tiempos.

En fin, ahora se entiende por qué al hablar en el Congreso, Cristina Kirchner jamás mencionó el tema de la droga. A nadie le conviene escupir para arriba.

por Christian Sanz

http://www.mdzol.com/mdz/nota/278209